poniedziałek, września 11, 2006


Hace ya unos años pudimos comprobar que todo era posible. Las grandes edificaciones, asentadas en rigurosa profesionalidad, podían venirse abajo cual casucha de barro. Art Spiegelman podía llegar a enloquecer aún más. Woody Allen se pasearía entre mediocridad en una ceremonia de los OSCAR. Incluso la gente parecía que podía volar, aunque bien es cierto que sin mucho éxito, para ellos, claro. Ahora, echando la vista atrás (y ya van unas cuantas), todo parece un puto fake producido por Kubrick desde su tumba, y con la punta del capullo.

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