sobota, października 21, 2006

Qué bueno, qué bueno.

El pasado jueves, 19 de octubre, disfruté como un mañaco, con todo lo manido que resulta la expresión. La Compañía Mandril se desplazó hasta Murcia para representar el sketch El último hijo de este mundo, lo hicimos en calidad de invitados de los PAL, un honor. En fin, para mí fue un auténtico placer escuchar los ensayos de Dios Oppenheimer mientras me acurrucaba en una butaca del auditorio murciano. Todo pasó muy deprisa, Mongul apareció justo a las nueve de la noche, y el sketch fue rodado. La gente rió. Les costó al principio, pero al final lo hicieron. Y después, el grupo Homo Demens protagonizó una performance acojonante. Acto seguido, concierto de lujo de cuatro hombres dedicados a su obra. Un gustazo contemplar a Pablo Carrillo juguetear con sus trastos, la vena dramática de Kike Pierrot, la contundencia de Alberto Ruiz, y la convicción de Carlos Toronado. A veces pienso que todo fue un sueño, pero luego Xarly me pega un hostiazo en el muslamen y me recuerda que no diga esas mierdas. Que fue una noche genial.

P.D.: El último hijo de este mundo está incluido en Deposiciones mandrilescas, obra a estrenar el próximo 22 de noviembre.
P.D. 1: Ahí os dejo música de la buena.

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