Se acabó el ¡pum!
Son las siete de la mañana y la Nit de l´Albà ya es un recuerdo que ni existe apenas en mi memoria. No, en serio, no la recuerdo, ¿estuvo falluca? ¿Engañifa? No lo sé, no me importa. Lo que me interesa no es más que ya finalizó el estruendo de la explosión de cohetes sin cesar. Vuelve la tranquilidad, ya no debemos mirar a todos lados al escuchar el sonido de una carretilla que te busca.
A las siete de nuestra mañana cesan los estallidos en el cielo de todo Líbano. La O.N.U. (me parto con vosotros… ja,ja,ja… no, en serio… ji, ja, ju… qué grandes sois) tardó lo suyo en entender el impreso que debían rellenar referente a peticiones de alto el fuego, pero al final el estado de Israel recibió la cartica necesaria para proceder. Y no les culpo (a los chicos de la O.N.U. me refiero), porque si ya es difícil rellenar una simple beca universitaria, imagínate un documento diplomático de tal calibre (¡ñás! Es que me agoto de pensarlo). En definitiva, los noticiarios (joder, cómo se nota que en España hay nivel periodístico, la peña viene cagando leches para hacer prácticas en Antena3, Tele 5, y una larga lista de referentes televisivos) informarán que la normalidad ha regresado, así podrán dar paso a otras tragedias (abuelas inseguras, medusas en verano,…). Los soldados regresan a casa con la bandera bien extendida, con la satisfacción del trabajo bien realizado. Con la sensación de victoria, cómo si importase realmente.
Y ahora a la Roà, eso sí que mola. Qué ganas tengo de bailar toda la noche, joder.

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