Qué vergüenza, qué pena
Hay días en que uno debe volver a ojear el calendario para reafirmar que vive en el futuro, en el siglo XXI; mañanas en las que es necesario observar nuestro alrededor para percatarnos de que no vivimos en Calcuta, con todos mis respetos; noches en las que dormimos tranquilos sabiendo que lo básico está controlado. Y al final, todos vendidos, el medievo reaparece en cualquier balcón con señora que arroja agua de maceta, quien se esconde tras el título de Benet XVI nos recuerda que nada cambia, y Valencia parece Calcuta, con todos mis respetos.
P.D.: Nuestro día más triste.
P.D.: Nuestro día más triste.


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